News | 24 Abril 2026

Financiación apalancada en España: la madurez de un mercado que aprende de los ciclos

Jean-François Guicheteau, Managing Director of Leverage Finance en BBVA

Tras años marcados por la pandemia, las disrupciones de suministro, las tensiones geopolíticas y un ciclo prolongado de tipos al alza; la financiación apalancada española muestra signos claros de madurez. Se trata de la consolidación de un mercado más disciplinado, apoyado en tres pilares: liquidez abundante, valoraciones más realistas y una cooperación creciente entre banca y fondos de deuda. El resultado es un ecosistema más selectivo, resiliente y profesionalizado.

El primer indicador de esta transición se evidencia en la reactivación del apetito por financiar operaciones con criterios de riesgo y retorno más alineados. Con balances sólidos y una vocación de acompañamiento clara, los bancos están volviendo a dinamizar el flujo de financiación apalancada a medida que compradores y vendedores convergen hacia múltiplos más prudentes. El deal flow refleja esa diversificación: refinanciaciones para acompasar plazos a horizontes de inversión más largos; recapitalizaciones orientadas a optimizar la TIR en procesos de salida extendidos; add-ons que consolidan estrategias buy & build; y operaciones de new money que recuperan tracción con la recuperación del mercado M&A. En un entorno de tipos altos pero estables, la confianza se sustenta en fundamentos, no en expectativas de virajes bruscos en la política monetaria.

En este contexto, la relación entre banca y ‘direct lenders’ se ha desplazado de la competencia a la complementariedad funcional. En el segmento de ‘leveraged finance’, proliferan las estructuras híbridas que combinan tramos bancarios amortizables con tramos bullet aportados por fondos de deuda. Estas fórmulas permiten optimizar el apalancamiento, mantener márgenes de maniobra y contener el coste total de financiación.  La contracción de las valoraciones ha reducido la presión por maximizar deuda, y por ello aumentan las estructuras plenamente bancarias en compañías con generación de caja estable. Aun así, los tramos bullet siguen incorporándose cuando el nivel de apalancamiento solicitado o la generación de caja no permite una solución enteramente bancaria. El mercado opera de forma más eficiente cuando cada actor asume el tramo de riesgo que mejor puede gestionar.

En 2025, el dinamismo se reparte entre tres tipos de operaciones: refinanciaciones, recapitalizaciones y financiación nueva. Las refinanciaciones siguen siendo claves para extender vencimientos y ajustar estructuras de deuda tras la prolongación de los horizontes de inversión, incluyendo el tratamiento de líneas ICO suscritas en los años de disrupción. Las recaps facilitan retornos intermedios mientras se materializan desinversiones. El new money se reactiva con la inversión productiva y el M&A en sectores tradicionales como la alimentación y agronegocio, servicios, healthcare y, en menor medida, industria. Como novedad,  se incorpora un análisis más cuidadoso de  la exposición de las prestatarias a EE. UU. ante posibles efectos de nuevas políticas arancelarias.

Uno de los fenómenos más reveladores ha sido la consolidación de los continuation funds, que permiten alargar la vida de los activos sin forzar desinversiones en condiciones subóptimas. Esta evolución evidencia una gestión más previsora de los ciclos de liquidez: se anticipan vencimientos y se alinean los plazos de deuda con la capacidad de generación de caja y los planes de negocio ajustados a un entorno más exigente.

En términos de estructuras y condiciones, no se han registrado cambios disruptivos, sino adaptaciones graduales a un entorno más volátil. Los márgenes se han mantenido estables, los niveles de apalancamiento siguen moderados y los spreads reflejan una sólida disciplina crediticia pese a la abundancia de liquidez. Este equilibrio es determinante: preservar covenants proporcionados al perfil de riesgo,garantizar un reporting robustos e implementar calendarios de amortización que no comprometan la ejecución.

En cuanto a sostenibilidad, España se distingue por la integración de criterios de sostenibilidad en la estructuración del apalancamiento financiero corporativo. En torno al 60% del volumen contratado incluye componentes vinculados a ello y esto no es un mero complemento reputacional, sino una palanca competitiva, impulsada por regulación y por la convicción de que la transición hacia modelos productivos más sostenibles crea valor a largo plazo. El reto es materializar indicadores relevantes y definir consecuencias económicas claras ante el incumplimiento.

La coinversión en tramos de deuda entre LPs (Limited Partners, o inversores institucionales que aportan capital a los fondos), los propios fondos de inversión y los GPs (General Partners, o gestores que estructuran y ejecutan las operaciones), aún minoritaria, añade eficiencia en operaciones selectivas: optimiza el uso de capital, reduce el equity ticket y distribuye riesgo sin diluir la responsabilidad en la ejecución. Es una herramienta con recorrido cuando existe transparencia, alineación de incentivos y límites explícitos a la agresividad del apalancamiento.

Las perspectivas apuntan a que la normalización se mantenga hasta mediados de 2026. Confluyen fundamentos sólidos: liquidez abundante, tipos altos pero previsibles, valoraciones ya reajustadas que reactivan el primario y un pipeline de refinanciaciones (incluidas líneas ICO y deuda 2020–2022) que ordena vencimientos. A esto se suma la disciplina crediticia, apalancamiento moderado y spreads estables;y la colaboración banca–fondos ya institucionalizada, mientras la volatilidad geopolítica se gestiona como riesgo integrado en las estructuras. Sin disrupciones exógenas, estos factores deberían sostenerla actividad sin cambios bruscos de ciclo.

Con estos fundamentos, la mejor práctica es profesionalizar integralmente todo el proceso: equipos con experiencia acreditada, participación temprana de todos los implicados y capacidad de adaptar la estructura en plazos exigentes. La deuda recupera centralidad como decisión estratégica (para acelerar la creación de valor, anticipar riesgos y alinear horizontes), no por aumentar el apalancamiento. España ya opera así; ahora toca mantener la disciplina, priorizar la calidad sobre el volumen y eludir cualquier atisbo de complacencia.