News | 08 Julio 2026

La transición como estrategia de competitividad

Adolfo Osorio, Head of Client Coverage & Sustainability, BBVA CIB México

Cómo el financiamiento en transición y la reasignación global de capital están redefiniendo las decisiones de inversión, transformación y crecimiento de las empresas







Las empresas atraviesan un periodo de transformación marcado por avances tecnológicos, cambios regulatorios, nuevas exigencias de los mercados y una creciente necesidad de fortalecer su resiliencia operativa.

En este contexto, muchas de las decisiones que definirán la competitividad futura están relacionadas con dónde invertir, cómo modernizar operaciones y cómo financiar esa evolución.

La sostenibilidad forma parte de la agenda empresarial desde hace tiempo. Lo que ha cambiado es el espacio que ocupa dentro de las decisiones estratégicas de las organizaciones. Cada vez es más frecuente verla vinculada a decisiones relacionadas con la modernización de activos, la eficiencia operativa, el acceso a capital, la competitividad y el crecimiento de largo plazo.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), las inversiones destinadas a tecnologías e infraestructura de energía limpia rondarían los 2.2 billones de dólares en 2025*, aproximadamente el doble de los recursos dirigidos a petróleo, gas y carbón. Más allá de la cifra, la tendencia refleja una profunda reasignación de capital a escala global y ofrece una señal clara sobre hacia dónde se están dirigiendo las inversiones de largo plazo.

¿Por qué surge el financiamiento en transición?


Es precisamente en este contexto donde el financiamiento en transición ha comenzado a ganar relevancia dentro de la agenda financiera global. Su objetivo es movilizar capital hacia proyectos y empresas que están impulsando procesos de transformación capaces de fortalecer la competitividad y acelerar la transición hacia una economía de menores emisiones.

No se trata de una tendencia aislada. En los últimos años, organismos internacionales como la IEA, la Glasgow Financial Alliance for Net Zero (GFANZ) y asociaciones de mercado como la International Capital Market Association (ICMA) han coincidido en una idea fundamental: alcanzar los objetivos globales de descarbonización requerirá movilizar volúmenes de capital sin precedentes hacia sectores responsables de una parte significativa de las emisiones globales y cuya transformación será indispensable para construir una economía más resiliente y competitiva.

La magnitud del reto explica por qué el financiamiento se ha convertido en uno de los temas centrales de la agenda global. Más allá de los compromisos y las metas, la verdadera pregunta es cómo se movilizarán los recursos necesarios para acompañar esta transformación.

La nueva lógica detrás de las decisiones de inversión


Durante la primera etapa de las finanzas sostenibles, gran parte de la atención se concentró en actividades consideradas verdes por naturaleza, como las energías renovables, la movilidad limpia o la eficiencia energética. Sin embargo, conforme avanzó la discusión climática, se hizo evidente que alcanzar los objetivos globales dependería también de la adaptación de sectores intensivos en carbono que continúan siendo fundamentales para la economía.

Industrias como el acero, el cemento, la minería, la aviación, el transporte y la energía enfrentan algunos de los mayores desafíos para reducir emisiones, al tiempo que mantienen su papel como motores del crecimiento económico, la infraestructura y el desarrollo.

Fue precisamente en este contexto donde comenzó a tomar fuerza el concepto de financiamiento en transición.

Más que una categoría financiera, representa una evolución en la forma de entender la sostenibilidad. Reconoce que la transición no podrá lograrse financiando únicamente a quienes ya son sostenibles. También será necesario acompañar a quienes enfrentan procesos de cambio más complejos, pero con un enorme potencial de impacto.


Como resultado, también han evolucionado los criterios con los que se evalúa el avance hacia una economía más sostenible. Durante mucho tiempo, la pregunta central fue qué actividades podían considerarse verdes. Hoy, inversionistas, instituciones financieras y organismos internacionales observan cada vez más la calidad y credibilidad de los planes de transición de las empresas.

La diferencia parece sutil, pero tiene implicaciones profundas.

Desde la perspectiva empresarial, el desafío trasciende los objetivos de sostenibilidad. Cada vez con mayor frecuencia, se relaciona con decisiones de crecimiento, competitividad, resiliencia y acceso a capital.

Porque la competitividad futura de muchas organizaciones dependerá cada vez más de su capacidad para demostrar cómo modernizarán sus operaciones, cómo responderán a nuevas exigencias del mercado y cómo gestionarán los riesgos y oportunidades asociados a una economía en transformación.

Para los equipos directivos y financieros, esto implica incorporar nuevas variables en las decisiones de inversión. Modernización de activos, eficiencia energética, electrificación de procesos, innovación tecnológica, reducción de emisiones o fortalecimiento de la resiliencia operativa son hoy iniciativas que trascienden la agenda de sostenibilidad para convertirse en decisiones estratégicas de negocio.

Lo que significa para las empresas


La transición está dejando de ser únicamente una aspiración de largo plazo. Cada vez más, inversionistas, instituciones financieras, clientes y cadenas globales de suministro evalúan la capacidad de las organizaciones para demostrar planes de transformación creíbles, medibles y alineados con las exigencias de un entorno económico en constante cambio.

En el caso de México, esta realidad adquiere una relevancia particular. La estructura productiva del país está estrechamente vinculada a sectores que serán protagonistas de la transición global y que, al mismo tiempo, enfrentan crecientes exigencias por parte de clientes, inversionistas y mercados internacionales. La capacidad para acceder a capital que acompañe estos procesos de transformación podría convertirse en un factor diferenciador para mantener competitividad en los próximos años.


El papel del financiamiento en la transición


Por ello, quizás el principal aporte del financiamiento en transición sea ofrecer un nuevo marco para entender cómo las empresas pueden acelerar su transformación en un entorno cada vez más exigente.




La transición no consiste únicamente en financiar las industrias del futuro. También implica impulsar la transformación de las industrias que sostienen la economía actual.





Desde BBVA vemos una oportunidad para acompañar a nuestros clientes en este proceso. No sólo a través del acceso a financiamiento, sino también mediante la identificación de oportunidades, el desarrollo de marcos metodológicos específicos, la estructuración de soluciones financieras a la medida de sus objetivos de transformación y la movilización del capital necesario para hacerlas realidad.

La transición hacia una economía baja en carbono requerirá nuevas tecnologías, nuevas inversiones y también nuevas herramientas financieras. El financiamiento en transición es una de ellas.


Y en un entorno donde la capacidad de adaptación será cada vez más una condición para competir, contar con acceso al capital necesario para acelerar ese proceso puede convertirse en uno de los factores que definan el liderazgo empresarial de la próxima década.

 

*Fuente: International Energy Agency (IEA), World Energy Investment 2025 – Executive Summary. El informe estima una inversión de aproximadamente USD 2.2 billones en tecnologías e infraestructura de energía limpia para 2025.