News | 21 Octubre 2026
La próxima ola de inversión en la industria de consumo
Aurora Acuña, Global Banker, Consumer & Retail, BBVA Colombia
¿Existe un conflicto entre el crecimiento de la industria de consumo masivo y la sostenibilidad? Tradicionalmente, un incremento en la producción ha implicado un mayor consumo de energía, agua y materias primas, así como un incremento de emisiones y residuos. Sin embargo, esta relación está evolucionando. La innovación tecnológica, la eficiencia en el uso de recursos y los nuevos modelos productivos permiten reducir el impacto ambiental sin renunciar al crecimiento.
En consecuencia, la sostenibilidad pasa de ser una exigencia regulatoria y reputacional a convertirse en un factor de competitividad. En este contexto, las empresas de consumo masivo deberán afrontar una nueva ola de inversiones para mejorar su productividad, fortalecer su resiliencia y asegurar su crecimiento futuro.
Rentabilidad, competitividad y responsabilidad: ejes de inversión
La pregunta inicial sería entonces: En qué vertical se debe centrar la próxima ola de inversión para que convivan simultáneamente la rentabilidad, la competitividad y la responsabilidad corporativa? La respuesta no es única: La industria de consumo masivo enfrenta presiones sobre sus márgenes, volatilidad de costos, transformación tecnológica y mayores exigencias ambientales. Para mantener su competitividad, las empresas podrían concentrar sus inversiones en los siguientes ejes principales:
- Modernización y automatización industrial: renovación de equipos, robótica, inteligencia artificial y digitalización de procesos para aumentar la productividad, reducir desperdicios y mejorar la flexibilidad operativa.
- Eficiencia energética y renovables: incorporación de tecnologías de menor consumo, electrificación de procesos y autogeneración renovable para reducir costos y exposición a la volatilidad energética.
- Gestión del agua: sistemas de tratamiento, recirculación y reutilización para reducir el consumo y mitigar riesgos de disponibilidad, especialmente en alimentos y bebidas.
- Circularidad y empaques: rediseño de envases, incorporación de materiales reciclados y valorización de residuos para optimizar recursos y responder a nuevas exigencias comerciales y regulatorias.
- Logística y distribución: automatización de centros de distribución, optimización de rutas y renovación de flotas para reducir costos y mejorar los niveles de servicio.
- Resiliencia del abastecimiento: trazabilidad, diversificación de proveedores y gestión de riesgos climáticos y ambientales para asegurar la continuidad de las operaciones.
Estas inversiones no solo buscan reducir el impacto ambiental, sino transformar estructuralmente la eficiencia y competitividad de las compañías.
Y entonces, ¿cómo priorizar el CAPEX?
Uno de los mayores desafíos para los equipos directivos será decidir cuál o cuáles ejes de inversión priorizar. Los recursos financieros son limitados y la ejecución simultánea de múltiples proyectos puede comprometer la liquidez, aumentar el endeudamiento y elevar los riesgos operativos.
Por ello, la priorización del CAPEX debería partir de una evaluación integral que combine varias dimensiones: En primer lugar la rentabilidad financiera: a través de proyectos con ahorros medibles, generación de caja y períodos de recuperación atractivos. En segundo lugar, el impacto estratégico: las inversiones deben fortalecer la productividad, la diferenciación comercial y la capacidad de adaptación a nuevas tecnologías y mercados. Por último, la gestión de riesgos: mediante iniciativas que garanticen la continuidad operativa, el cumplimiento regulatorio y la resiliencia frente a restricciones energéticas, hídricas o de abastecimiento.
La estrategia óptima consiste en equilibrar inversiones de retorno rápido con proyectos estructurales de transformación, considerando también su complejidad de ejecución y evitando comprometer la flexibilidad financiera de la compañía.
¿Qué retorno pueden generar estas inversiones?
El retorno de esta nueva generación de inversiones trasciende la reducción de costos operativos y se convierte en un motor de creación de valor a largo plazo. La modernización tecnológica, la eficiencia en el uso de recursos y la optimización de procesos permiten mejorar los márgenes operativos, liberar capital de trabajo y fortalecer la generación de caja. Al mismo tiempo, estas inversiones reducen la exposición a la volatilidad de los costos energéticos, las interrupciones en las cadenas de suministro y los riesgos regulatorios y ambientales. Adicionalmente, impulsan la innovación, la diferenciación de productos y el acceso a nuevos mercados, generando oportunidades de crecimiento. En este contexto, la rentabilidad del CAPEX debe evaluarse no solo por su retorno financiero directo, sino también por su contribución a la resiliencia y competitividad futura de la compañía.
El caso colombiano: cómo los ingenios azucareros se transforman en generadores de energías alternativas
La agroindustria azucarera colombiana es un ejemplo de cómo una industria tradicional puede diversificar su modelo de negocio mediante inversiones en sostenibilidad y eficiencia energética. Los ingenios han evolucionado de productores de azúcar hacia complejos agroindustriales capaces de generar electricidad renovable, producir bioetanol y aprovechar subproductos de sus procesos, convirtiendo la economía circular en una oportunidad de competitividad.
El principal avance ha sido la cogeneración de electricidad a partir del bagazo de caña, residuo que se utiliza como combustible para producir vapor y energía eléctrica. Según el Informe Anual 2025-2026 de Asocaña, el sector generó 1.929 GWh de electricidad en 2025, de los cuales 880 GWh se entregaron al Sistema Interconectado Nacional. Además, proyecta aumentar su capacidad instalada de cogeneración de 372 MW a 418 MW para 2028. Esto demuestra cómo una inversión industrial puede reducir la dependencia energética y generar ingresos adicionales mediante la comercialización de excedentes.
La diversificación también incluye la producción de bioetanol, que alcanzó un récord de 434 millones de litros en 2025, según Asocaña, y nuevas oportunidades de aprovechamiento de residuos. Una investigación publicada en 2025 en la revista Ingeniería y Competitividad evaluó el potencial de generar electricidad mediante biogás obtenido de la vinaza, subproducto de la producción de etanol. Sus resultados identifican oportunidades para ampliar la generación renovable y reducir impactos ambientales, aunque su implementación comercial requiere evaluar la viabilidad técnica y económica de cada proyecto.
Desde una perspectiva financiera, este caso ilustra cómo el CAPEX sostenible puede convertirse en una fuente de diversificación de ingresos y mayor resiliencia industrial. Las inversiones en calderas de alta eficiencia, sistemas de cogeneración, biodigestores e infraestructura energética abren oportunidades de financiación de largo plazo, leasing y financiación verde, sujetas a la elegibilidad de los proyectos. El desafío para los ingenios será continuar escalando estas capacidades, equilibrando la rentabilidad de las inversiones con las condiciones del mercado eléctrico y la evolución regulatoria.
En conclusión, la próxima ola de inversión en la industria de consumo representa una oportunidad para que BBVA continúe liderando proyectos de financiación sostenible y siendo socio estratégico de la transformación empresarial de nuestros clientes, ya que en los próximos años, la ventaja competitiva no estará necesariamente en invertir más, sino en invertir mejor y financiar adecuadamente esa transformación.




