News | 17 Abril 2026
Riesgo físico climático: de amenaza ambiental a variable clave de negocio
José Ángel Cañizares, Senior Manager Sustainability Risk, BBVA
El cambio climático ya no es solo una cuestión de transición energética o regulación: su impacto físico está emergiendo como un factor determinante para la economía real. La creciente frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos extremos está transformando la forma en la que empresas, inversores y entidades financieras evalúan riesgos, toman decisiones y asignan capital.
Una nueva dimensión del riesgo climático: tangible y creciente
Durante años, el debate climático se ha centrado en las emisiones y la descarbonización. Sin embargo, el riesgo físico climático (el impacto directo de fenómenos como inundaciones, sequías, incendios o tormentas), está adquiriendo mayor relevancia por su carácter inmediato y concreto.
Este riesgo se manifiesta en dos dimensiones complementarias:
- Riesgo agudo, asociado a eventos extremos, como inundaciones o incendios forestales.
- Riesgo crónico, vinculado a cambios estructurales, como el aumento de temperaturas, la escasez de agua o la subida del nivel del mar.
Ambos interactúan y se amplifican mutuamente, configurando un entorno más incierto y exigente para la economía global.
Cómo impacta en la economía: del activo individual al sistema completo
El riesgo físico climático impacta en la economía a través de diversas dimensiones.
A nivel microeconómico, se traduce en:
- Daños directos sobre activos (infraestructuras, viviendas, fábricas o cultivos).
- Interrupciones operativas que afectan a la producción y los servicios.
- Disrupciones en cadenas de suministro con impacto global.
A nivel macroeconómico, sus efectos se amplifican:
- Menor crecimiento y productividad.
- Presiones inflacionarias.
- Deterioro de las finanzas públicas.
- Mayor vulnerabilidad de sectores clave como agricultura, energía, transporte o turismo.
Además, factores como el aumento de las primas de seguros o la pérdida de asegurabilidad en determinadas zonas comienzan a redefinir el mapa de riesgos económicos.
Medir para gestionar: el reto de cuantificar el riesgo físico
La gestión efectiva del riesgo físico requiere una aproximación analítica avanzada basada en tres pilares:
- Peligro climático: qué eventos pueden ocurrir y con qué intensidad.
- Exposición: qué activos o actividades están en riesgo.
- Vulnerabilidad: capacidad de resistir y recuperarse.
Esto implica integrar modelos climáticos, datos geoespaciales y funciones de daño para estimar impactos potenciales en distintos escenarios y horizontes temporales.
En BBVA, esta visión se concreta en una apuesta estratégica por el desarrollo de capacidades propias. En este contexto, el proyecto BBVA Adapta ha permitido desarrollar una herramienta interna de medición granular y prospectiva del riesgo físico que, mediante modelos y visualización geoespacial, evalúa el riesgo de fenómenos climáticos bajo distintos escenarios climáticos y genera métricas de utilidad tanto para la gestión de riesgos como para el negocio.
Este enfoque mejora la comprensión de la exposición al riesgo, facilita una conversación más estratégica con los clientes y permite identificar oportunidades de financiación vinculadas a la adaptación y la resiliencia.
Un impacto económico ya visible
El riesgo físico climático tiene ya una dimensión económica relevante. En 2025, las catástrofes naturales generaron pérdidas globales de aproximadamente 260.000 millones de dólares, de las cuales menos de la mitad estaban aseguradas.
En geografías clave como Colombia, este riesgo es especialmente significativo. Cerca del 47% del territorio enfrenta niveles altos o muy altos de riesgo climático, con fenómenos como inundaciones y deslizamientos afectando de forma recurrente a población y actividad económica. Solo en 2025, se registraron miles de emergencias con impacto directo sobre cientos de miles de familias.
Estos datos reflejan una realidad: el riesgo físico ya no es una amenaza futura, sino una variable estructural que condiciona el desarrollo económico.
Financiar la adaptación: la próxima gran oportunidad
La creciente relevancia del riesgo físico supone una nueva agenda de inversión: la financiación de la adaptación.
Según estimaciones de UNEP FI, el sector privado podría movilizar en torno a 50.000 millones de dólares anuales hacia soluciones de adaptación si se fortalecen los marcos regulatorios y se impulsa la colaboración público-privada.
En este contexto, las entidades financieras tienen un papel clave como:
- Movilizadores de capital hacia soluciones resilientes.
- Gestores de riesgo, integrando el riesgo físico en la toma de decisiones.
- Socios estratégicos de sus clientes en procesos de adaptación.
En BBVA, el desarrollo de herramientas analíticas avanzadas. Todo ello, junto con la integración del riesgo físico en la estrategia, permite no solo mitigar riesgos, sino también identificar oportunidades en un entorno donde la resiliencia se convierte en un valor competitivo.
Del riesgo a la oportunidad: una nueva agenda para el sector financiero
El riesgo físico climático está redefiniendo las reglas del juego. Lo que antes era una externalidad ambiental se consolida como un factor clave en la valoración de activos, la planificación estratégica y la asignación de capital.
Para el sector financiero, esto supone una doble responsabilidad: anticipar y gestionar riesgos crecientes, y al mismo tiempo facilitar la transición hacia modelos económicos más resilientes.
En este nuevo contexto, la capacidad de medir, entender y financiar la adaptación marcará la diferencia entre reaccionar al cambio o liderarlo.




